Ana Villanueva es una periodista argentina que se ha animado a contar a través de la red, en un sitio conocido como OhLalá, su experiencia después de haberse conocido como Celiaca, después de un diagnóstico que en primera instancia le causó una gran contrariedad, pero que después, nos dice, ha aprendido a sobrellevar con muy buenos resultados y, lo más importante, con una mejoría palpable en su condición de vida.
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Celiacos de México en la red de Gluten Free Face
Una nueva red social denominada Gluten Free Face ha nacido para disfrute de los Celíacos del Mundo. ésta es una red específicamente orientada a los individuos con enfermedad celíaca, las personas que viven una Vida sin Gluten, o las personas que tienen un familiar o amigo que deban mantenerse libres de gluten. En esta red ha nacido Celíacos de México.
El dolor de una celíaca ante la apatía de los Celíacos
Sabemos que éste no es un sitio en el que tratemos problemas sociales, pero sí para exponer el dolor que sentimos ante la apatía no sólo de autoridades, medios de comunicación, industriales, productores y de la sociedad en pleno, si no que además vemos como los mismos celíacos se resisten a ayudarse a sí mismos.
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¿Por qué no irse a otro país?
Dentro de estas pláticas realizada en la escuela de Periodismo, dos preguntas llamaron mi atención: ¿Por qué si las condiciones no están dadas en México para que tú tengas una vida mejor, no te vas a otro país donde las haya y tengas a tu alcance productos que puedas comer sin riesgos, como en México? ¿Hasta dónde quieres llegar o qué esperas de la sociedad con este trabajo que realizas?
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Clama solidaridad una ciudadana argentina con Enfermedad Celíaca
Hay cosas de la vida que hay que compartir, porque como a Griselda, una señora de Argentina, a muchos debe pasarles con los profesionales de la medicina que tenemos.
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Viajar como celíaco por Latinoamérica, una travesía
Noelia, una joven celíaca diagnosticada hace dos años, vivió en carne propia, en una gira laboral por Latinoamérica, la desinformación que aún persiste en torno a la enfermedad
celíaca. A través de las anécdotas de esta carta, expresa sus reclamos, desilusiones y esperanzas.
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El Infierno celíaco en Diario Imagen
Nuevamente tenemos que dar las gracias al Diario Imagen, a su director general José Luis Montañez Aguilar, y a su gran colaborador Jorge Ibarra, ya que en su edición de ayer subió a su sitio en Internet el video del testimonio de María, una ciudadana argentina que la pasó mal durante su estancia en México ante la carencias, la indiferencia y la falta de atención para los celíacos de nuestro país.
México, un infierno para los celíacos
Como un verdadero infierno nos describió María su estancia en México, debido a la total indiferencia, ignorancia y hasta displicencia con que se trata a los enfermos celíacos en nuestro país.
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Aprender a comer sin gluten
El periódico El Clarín de Argentina, lo publicó:
Testimonio
Por desconocimientos de los médicos y de la gente, los síntomas de la enfermedad celíaca se suelen confundir con otros males y se tardan hasta décadas en conseguir un buen diagnóstico. Como le pasó a Verónica Bon, quien tenía los síntomas a los 7 años, pero recién se la detectaron a los 28.
“Una vez, el médico les dijo a mis padres que yo tenía cáncer de colon, y no era cierto. Usaba talle para 4 años cuando tenía 10. Era piel y hueso y nadie supo identificar que era celíaca. Me la detectaron después de diagnosticar a mi primer hija”, contó a Clarín, Verónica, que trabaja en una empresa de comercio exterior y hoy tiene 32 años.
Durante la adolescencia, los síntomas más comunes fueron llagas en la boca. “Cuando me detectaron que era celíaca, dejé de comer con gluten y las llagas desaparecieron. Sólo volvieron cuando comí algo que estaba contaminado”. Su vida cambió mucho. “Al tener a mi hija con la enfermedad, tengo un doble compromiso: ella tiene que aprender a comer sin gluten y yo tengo que enseñarle”. Aclaró: “Si te invitan a un cumpleaños, olvidate de comer pizzas”.
Una experiencia similar enfrentó Mirtha Fernández, de 38 años. “Primero le diagnosticaron la enfermedad celíaca a mi nena de 3 años, después a mi hermana, que sufría anemias constantes, y finalmente a mí. Yo no tenía síntomas, pero sí tengo un deterioro intestinal, que se halló después de más de un año de análisis de sangre”.
Mirtha atraviesa la enfermedad con un pacto de por medio. “Hice un trato con mi hija. Ninguna de las dos hace trampa a la hora de comer. Desde ese momento, jamás volví a comer algo con gluten”.


